Categoría : Hardware

Como limpiar el sensor de una cámara

Este verano mi buen amigo Juan me llamó porque tenía un grave problema. Su cámara reflex tenía una línea que aparecía en todas y cada una de las fotos. Estaba preocupado por si tendría que reponer su cámara justo antes de un espectacular viaje a Islandia que ya había agotado sus recursos económicos para este verano. Ya por teléfono le avisé que seguramente se trataba de polvo en el sensor y que con un poco de suerte podría irse a Islandia con la cámara en perfecto estado.

Personalmente soy poco amigo de limpiar la cámara y lo soy mucho más de no ensuciarla. Es cierto que las cámaras de objetivos intercambiables, por naturaleza dejan el interior del cuerpo a la intemperie cuando cambiamos un objetivo. En el caso de las cámaras mirrorless (sin espejo) el sensor queda totalmente expuesto, mientras que en las reflex el espejo que les da nombre lo oculta.

Cámara mirrorless con el sensor expuesto
Cámara mirrorless con el sensor expuesto

Sin embargo, siempre podemos prevenir antes que curar. Cuando cambiemos objetivos, deberemos hacerlo en lugares sin polvo (nada de cambiar de lentes en la playa, el desierto, etc.) y cuando no haya viento. Si es inevitable, buscaremos refugio debajo de una chaqueta, en el interior de una mochila, o similar. Además, cuando desacoplemos el objetivo deberemos tener la apertura del cuerpo hacia abajo para que el posible polvo que pueda haber en el ambiente caiga por gravedad al suelo y no se deposite en el sensor. En definitiva, tendremos cuidado.

Hay que pensar que en nuestra cámara, el sensor es el responsable de registrar la luz y por lo tanto capturar las imágenes. Cualquier mota de polvo quedará visible en todas y cada una de ellas. Si bien programas como Lightroom nos permiten eliminar de manera sistemática todas estas manchas, seguimos prefiriendo prevenir que curar. Por otra parte, la función de “limpieza de sensor” de muchas de las cámaras, consistente en hacer vibrar el sensor para desprender el polvo, es efectiva con pequeñas motas poco persistentes pero no infalible.

Un sensor es un elemento extremadamente sensible y fácil de rayar/deteriorar. Por lo tanto la primera máxima debe ser siempre no tocarlo nunca. En el caso de las cámaras mirrorless, esto es especialmente importante porque no hay espejo que proteja. Por ello, el problema surge cuando se adhiere una mota de polvo, o en el caso de mi amigo Juan un pequeño hilo o pelo minúsculo.

La garantía de nuestra cámara no cubre la limpieza del sensor. Al fin y al cabo es nuestra responsabilidad mantenerlo libre de polvo. Si acudimos al servicio técnico oficial, la tarifa por una limpieza de sensor será sin duda considerable, y aunque seguramente sea una muy buena opción dependiendo de las circunstancias nos gustaría evitar el desembolso de dicha cantidad si es posible. Algunas tiendas de fotografía y servicios no oficiales ofrecen limpiar el sensor, pero debemos tener en cuenta que se trata de una operación delicada y las personas a las que confiemos nuestra preciada cámara deben ofrecernos las garantías necesarias.

Una limpieza profesional del sensor puede tener un coste considerable
Una limpieza profesional del sensor puede tener un coste considerable

La solución más extendida e inocua para poder limpiar el sensor consiste en echar un chorro de aire limpio y seco sobre el mismo y esperar que la suciedad se desprenda. En mis inicios en la fotografía (analógica), utilicé en alguna ocasión un spray de aire comprimido, pero aparte de excesiva potencia (que podrían dañar el interior de la cámara) estos sprays pueden utilizar gases inertes para generar presión en la lata y generar condensación en el sensor dejando marcas (una mala idea).

Las perillas sopladoras de toda la vida son la solución más recomendada. En concreto, existe un consenso casi generalizado en recomendar el  Rocket air de Giotto al que hay que reconocerle estilo y que con sus 16 Eur de coste en Amazon (a la hora de escribir este artículo) resulta una solución de lo más asequible. Existen varios tamaños, pero en este caso el tamaño importa puesto que determina la potencia del soplido (sin pasarse) y nos acerca más a nuestro cometido.

El Rocket Blower de Giotto. La mejor manera de limpiar tu sensor.
El Rocket Blower de Giotto. La mejor manera de limpiar tu sensor.

En el caso de mi amigo Juan, tras tres intentos de sacar el hilo del sensor, tuvimos éxito. Para vuestra referencia, detallo los pasos a seguir (y como dicen en la televisión, si sigue los siguientes pasos, lo hace asumiendo el riesgo. Pixelando no se responsabiliza de ningún sensor muerto en la siguiente operación):

  1. Determinar si realmente tenemos polvo en el sensor: Hay que descartar que el origen del artefacto en la imagen no está en el objetivo. La manera más fácil es cambiar objetivo y ver si se mantiene. El polvo se ve mejor a aperturas más pequeñas (por ejemplo f:16) cuando la mayoría de la luz entra perpendicular al sensor y genera una mayor sombra. Poner la cámara en modo de prioridad a la apertura (A o Av) con el número de apertura más elevado posible y hacer unas cuantas fotos a un superficie uniforme debería mostrarnos en cada imagen la misma mota o mancha si hay polvo en el sensor. En caso afirmativo, iremos al paso 2.
  2. Exponer el sensor: En el caso de las mirrorless, desacoplaremos el objetivo del cuerpo y podremos ver el sensor directamente. En el caso de las Reflex deberemos levantar el espejo para poder ver el sensor. La mayoría de las cámaras tienen un menú de “limpieza del sensor” que hace precisamente esto. En caso de no disponer de dicha opción, buscaremos la opción “mirror lockup” que hace exactamente lo mismo.

    Menú de limpieza del sensor en una Canon reflex
    Menú de limpieza del sensor en una Canon reflex
  3. Limpiar el sensor: Con la apertura del sensor boca abajo (para que el polvo no vuelva a caer sobre el mismo una vez levantado) insertaremos la perilla y daremos soplidos enérgicos en el centro del sensor (si no funcionara, también en distintas direcciones) y esperaremos un poco a que caiga el polvo. En cualquier caso, pondremos especial cuidado en no tocar nada con la perilla en el interior de la cámara. La manera más segura es no introducir la perilla en el hueco… aunque si la mota se resiste, se puede hacer con mucho cuidado. Es posible que quede alguna mota minúscula. En ese caso, deberemos apelar a nuestra paciencia zen y vivir con ellas. De lo contrario, el buscar métodos más agresivos puede que hagan peor el remedio que la enfermedad. Si vuestro yo interior no puede vivir con esa micromota que habéis dejado, plantearos una limpieza profesional.
  4. Comprobar los resultados: Volver al paso 1 y comprobar si ha funcionado. Es más que probable que necesitéis de varios intentos. De hecho, es mejor que seais conservadores por si acaso.

Existen métodos más agresivos (y efectivos a la hora de retirar polvo,… aunque también hay más riesgo de dañar el sensor). Un método intermedio son los pinceles Artic Butterfly,que con un movimiento de rotación (eléctrico) se cargan electrostáticamente y son tremendamente efectivos a la hora de atraer y eliminar el polvo. Sin embargo, no dejan de ser artilugios que entran en contacto con el sensor y su aplicación correcta requerirá además del uso de lupas iluminadas para conseugir un resultado perfecto:

El último recurso son los métodos de contacto, ya sean en seco (con tampones de silicona, o toallitas especiales) o en mojado (con soluciones adecuadas y bastoncillos de algodón o similares). Muchos usuarios tienen éxito con dichos métodos, pero el riesgo/beneficio comienza a ser discutible y tal vez si uno llega a esos métodos hay que plantearse una visita al servicio técnico (especialmente con cámaras caras o relativamente nuevas).

Tabletas Wacom y Photoshop. La pareja perfecta

He de admitirlo. Durante muchos años he utilizado el Photoshop con la única ayuda del ratón. ¿Por qué? Probablemente porque mi capacidad artística para generar imágenes con mis manos y una herramienta de escritura es prácticamente nula. En todos estos años nunca había utilizado una tableta gráfica y pese a saber que en teoría eran mucho más potentes, lo cierto es que desarrollé una habilidad un tanto portentosa con ratones de bola primero, ópticos después e incluso el trackpad del portátil.

Sin embargo, he de decir que ahora mismo soy un converso de las tabletas. Aunque es cierto que muchas veces sigo apoyándome tan solo en el ratón (por un problema práctico… soy multitarea y no puedo apartar el teclado y el ratón mientras webeo, consulto el mail, controlo la música y descargo fotos) para ciertas aplicaciones sé que tan solo el uso de una tableta me permitirá obtener los resultados que deseo.

Tableta Wacom Bamboo Pen. Una alternativa muy económica para poder interactuar con Photoshop

Mis alumnos de las primeras ediciones tal vez me maldigan ahora por no haber compartido esta sabiduría con ellos. Pero yo también aprendo con cada edición de los cursos y en mi defensa he de decir que siempre he comentado que una tableta debería ayudar mucho a quién “tuviera mano”. Sin embargo, una Wacom no es solo para artistas.

Pero antes de seguir, permitidme que utilice la marca comercial (Wacom) en lugar del genérico. ¿Tengo comisión? No, pero lo cierto es que se trata de un estándar. Al igual que Photoshop. Es posible que haya otras marcas que permitan hacer lo mismo o más a igual o menor precio, pero ya que no soy un experto, he decidido recomendaros lo que seguro funciona y que además es lo que usan los profesionales.

Eso no quiere decir que las tabletas ahora sean un capricho caro. Los modelos más baratos (como la Wacom Bamboo Pen de la foto) pueden obtenerse por precios algo superiores a los 50€, lo que nos ha permitido ofrecerlas como material complementario en nuestros cursos. Es decir, nuestros alumnos pueden elegir entre llevarse un buen libro de Photoshop o una tableta gráfica con su matrícula.

Estas tabletas económicas son, sin duda, algo más rudimentarias que sus hermanas de gama alta. El tacto del lápiz es áspero y a veces nos recuerda a escribir con tiza en una pizarra. La ausencia de controles configurables hace que tengamos que tener el teclado cerca y la gestión de nuestra mesa de trabajo se complica. Sin embargo, la calidad/precio es indiscutible, y la posibilidad de tener 1024 niveles de presión (Photoshop en 8 bits trabaja con 256 niveles) en un paquete tan económico y pequeño debe ser tenida en cuenta. Yo tengo también un par de Wacom Intuos (la hermana mayor) y puedo decir que para el usuario ocasional, la diferencia de precio difícilmente sea justificable con las mejoras que incorpora el modelo más caro.

Por otra parte, los primerizos pueden llegar a pensar que una tableta pequeña es peor que una mediana o grande. En mi experiencia, el tamaño más pequeño de tableta es el ideal para la gran mayoría de usuarios. No solo por precio y portabilidad, sino también por la gestión de la mesa de trabajo que mencionaba antes. Evidentemente, habrá usuarios que necesiten de las grandes tabletas en formato A3 o incluso superiores, pero dichos usuarios no necesitan leer esta entrada para decidir.

Personalmente, y como fotógrafo, el cambio sustancial que me ha decidido a usar la Wacom habitualmente es la posibilidad de revelar los archivos RAW por zonas. Ya sea con Adobe Camera RAW desde Photoshop o con Lightroom, la posibilidad de revelar las fotos de manera precisa y ajustar los niveles de luz en las distintas partes de una fotografía, ha supuesto un cambio fundamental en mi método de trabajo.

No quiero terminar la entrada sin advertir que la tableta tiene una curva de aprendizaje un tanto pronunciada. Es posible que algunos de vosotros acabéis acordándoos de mi familia durante algunos días puesto que al principio puede resultar un tanto incómoda de manejar. Pero casi todo el mundo coincide en que una vez superado ese periodo de adaptación los beneficios son tales que desearían haber hecho el cambio antes.