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Consejos para un safari fotográfico en Sudáfrica

Aún estoy en el aeropuerto y la verdad es que no he podido esperar a volver para escribir la primera de mis entradas correspondientes a unos maravillosos días que he pasado en Sudáfrica. Y como no, he dedicado unos cuantos de ellos a ir de safari fotográfico. He aprendido mucho y he conseguido unas fotos increibles. Estos son mis consejos para conseguir grandes fotos:

Lleva la cámara adecuada

En la 30 horas que he pasado encima de un vehículo, a escasos metros de leones, rinocerontes, leopardos, etc., he visto a muchos turistas con cámaras muy distintas. Desde un señor con un 500mm decorado de camuflaje y que era casi tan grande como el Range Rover, pasando por alguna GoPro, hasta varios turistas con solo un teléfono o una tableta. En muchas ocasiones no era el turista con mejor cámara el que hacía la mejor foto, sobre todo porque muchos iban con una reflex que no pasaban de automático (ver Gente que no merece su cámara). La apoteosis fue descubrir a una turista que llevaba el objetivo en enfoque manual y sacaba fotos desenfocadas.

Yo llevé mi D800 y una D5200 comprada a precio de saldo para la ocasión como segundo cuerpo

Llevar el equipo adecuado y conocerlo a la perfección es fundamental
Llevar el equipo adecuado y conocerlo a la perfección es fundamental para obtener imágenes impactantes

Estos son algunos consejos sobre la cámara:

  • Llevar la mejor cámara que se tenga disponible, que uno sepa manejar. Las salidas incluyen muchas horas de poca luz, por lo que una cámara con poco ruido a ISOs altas es muy recomendable.
  • Aprender a usar la cámara antes de salir de Safari. No, en serio. Nunca utilizar en modo automático (el flash se dispara sin querer y a veces puede resultar muy peligroso con carnívoros y hervíboros de varias toneladas a escasos metros). Desactivar por la misma razón los pitidos de la cámara.
  • Para los que ya saben, aconsejo disparar en prioridad a la apertura o manual. Personalmente descubrí en este viaje la utilidad del modo manual, al que dedicaré una entrada.

Alquila un objetivo

  • El mejor consejo que me dieron antes de salir fue el de alquilar un objetivo para mi safari. Después de una notable investigación, me decidí por la empresa A Lens For Hire. Gary, un tipo fantástico, tuvo a bien alquilarme un 80-400 de Nikon por unos 30 Eur al día. Me entregaron el objetivo en el aeropuerto y lo entregué a mi vuelta en el mismo aeropuerto. Un servicio inmejorable. Como la lente.
  • Grande, pero no demasiado. Me pensé mucho qué objetivo alquilar (la diferencia de coste no era grande). Muchas opciones, desde una focal fija (300mm o más), pasando por un zoom de apertura constante (un 200-400 f2.8). Al final me decidí tras una notable investigación por un zoom muy nítido, pero no tan luminoso. Vi muchas cámaras esos días, y puedo decir que entre los fotógrafos serios era el más habitual (éste o el equivalente 100-400mm de Canon). Los vehículos suelen ir llenos, con 9 personas más uno o dos guías. Es casi imposible usar monopié o una bolsa de arena. En muchas ocasiones hay que hacer la foto a pulso. Muchas de mis fotos fueron sacadas sin soporte adicional y funcionó a la perfección. Si volviera, sin duda llevaría el mismo objetivo (y sí, los de National Geographic llevan objetivos más gordos, pero también van con coches especiales para ellos solos. Si uno va a un safari fotográfico profesional, contará con sillas giratorias, cuatro fotógrafos por vehículos y soporte integrado para la cámara).
  • Un recorte en full frame multiplica la distancia focal. En mi caso, mi D800 me permitió hacer recortes sobre la cámara y conseguir focales equivalentes a 600mm (factor de multiplicación de 1.5) y conseguir imágenes de 15,4 Mp.
El 80-400 de Nikon fue el objetivo elegido para compatibilizar peso, distancia focal, luminosidad y calidad
El 80-400 de Nikon fue el objetivo elegido para compatibilizar peso, distancia focal, luminosidad y calidad

Lleva varios cuerpos

No recomiendo cambiar objetivos por dos razones: En el safari se levanta polvo, mucho polvo (depende de la época claro). Ir cambiando de objetivos puede acabar con un sensor con muchas motas. Por otra parte, los animales no esperan. Hay que ir siempre preparado y no hay tiempo para ir cambiando de objetivos. Cuando se está parado hay que estar haciendo fotos y el resto del tiempo se van dando saltos dentro del Land Cruiser.

Para la gente más seria, recomiendo un segundo cuerpo con focales complementarias (incluyendo un gran angular). Para el resto, una compacta o incluso un teléfono pueden servir. En ocasiones, llegué incluso a usar el teléfono para realizar videos muy cercanos en los que el 80-400 no lograba enfocar (sí, tan cercanos como eso) o en los que no podía maniobrar con el trasto alrededor del resto de inquilinos del vehículo.

El que madruga… coge buen sitio

La ubicación en el vehículo es importante. Personalmente descubrí que en algunos de los vehículos, la primera fila era realmente buena. La barra horizontal de apoyo era suficientemente alta como para apoyar el objetivo y me permitía hacer fotos con velocidades de obturación muy bajas (teniendo en cuenta la distancia focal).

Típico vehículo de un "game drive" en una reserva privada del Kruger
Típico vehículo de un “game drive” en una reserva privada del Kruger

 

En otros vehículos la primera fila era un poco más incómoda, pero seguía siendo la mejor ubicación por proximidad y ausencia de cabezas delante (las filas traseras están un poco elevadas, pero como bien puede atestiguar una turista alemana que se dio un cabezazo con mi Nikkor, un objetivo largo tiene poco sentido detrás). Es importante saber que en el tipo de vehículos que hay en los safaris en Sudáfrica uno no se puede poner de pie (pone nerviosos a los animales y compromete la seguridad) así que tenemos que pensar en hacer fotos sentados.

Los laterales son siempre mejores: si la acción sucede en nuestro lateral, estaremos en primera fila; si es en el lado contrario, no perdemos mucho con respecto a la posición central.

Gestionar los recursos
Aunque por mis cursos, conozco a alumnos que prefieren filtrar las imágenes en el ordenador, yo prefiero llegar a casa sólo con las mejores imágenes.

Por ello, recomiendo siempre borrar cuanto sea posible en la cámara. Por otra parte, en un “game drive” (nombre de la salidas de safari) todo el mundo tiene el gatillo fácil y parece que si no disparas, estás perdiendo el tiempo. Curiosamente, cuanto mayor era la cámara y el objetivo, más pensaban los fotógrafos las fotos.

Hay mucho tiempo entre salidas (se hace una de madrugada, y otra antes del atardecer). Recomiendo utilizarlo aunque sea en parte para quedarnos con las mejores imágenes y dejar hueco en la tarjeta.

De esta manera, conseguí acabar el viaje con tan “sólo” dos tarjetas de 32Gb, con unas 1000 imágenes en RAW+JPG y unos 100 vídeos. Teniendo en cuenta que luego han de quedar almacenadas con sus correspondientes copias de seguridad, no son pocos datos. Y eso que mi tasa de rechazo habrá sido seguramente 3:1.

Elige una reserva privada

El parque Kruger es uno de los más importantes de África, y combina las comodidades de un país relativamente rico como Sudáfrica con la posibilidad de ver muchos animales. Los locales no dejan de repetir el mantra de los “5 grandes” (león, elefante, hipopótamo, rinoceronte y leopardo) y todos ellos pueden verse en dicho parque.

Cualquiera puede ir en un vehículo propio por el parque, pero no se pueden dejar las carreteras ni seguir a los animales. La experiencia no deja de ser maravillosa, pero si lo que queremos es hacer fotos, puede que no sea la mejor opción.

Las reservas privadas son propiedades particulares abiertas al parque, por lo que los animales entran y salen a su antojo. Algunas de ellas son especialmente famosas. En concreto, nuestro viaje nos llevó a la reserva de Sabi Sands, que es famosa por sus avistamientos de leopardos.

La gran diferencia entre el parque y una reserva privada es que los “rangers” (guías) buscan a los animales y están en contacto permanente con otros vehículos por radio. Ello permite que prácticamente en cada salida se vean 3, 4 o incluso 5 de los “Big Five”. Además, los vehículos tienen permitido salirse de la carretera y seguir a los animales. Ello les permite estar a muy pocos metros de los mismos.

En no pocas ocasiones uno se siente indefenso al tener a 3 metros a un animal salvaje que podría en poco tiempo matarnos. Pero por fortuna los animales están acostumbrados a los vehículos y en ocasiones estuvimos al lado de una escena de caza siendo completamente ignorados por leones y leopardos.

Ni que decir tiene que las reservas son mucho más caras que ir al parque, pero es posible que en tan sólo dos salidas en una reserva privada obtengamos fotos mucho mejores que en varios días por nuestra cuenta en el parque.

Y sobre todo, saca el ojo del visor y disfruta

Un último e importante consejo. No todo es fotografía. Es importante escuchar, oler y ver a los animales más allá de las fotos. Disfrutar de una experiencia única en la vida como esta merece las mejores fotografías posibles, pero también merece vivirla fuera de nuestras cámaras.

Yo no puedo sino recomendarla a todo el mundo. Y sí, en los próximos días publicaré algunas fotos.

Tarjetas de memoria y lectores de tarjetas: cómo elegir correctamente

Una de las preguntas que más frecuentemente recibo durante nuestros cursos es la de cómo gestionar los archivos que salen de nuestra cámara digital. Casi todos nosotros hemos experimentado alguna vez tarjetas de memoria corruptas, pérdidas de imágenes, etc.

La elección de la tarjeta de memoria adecuada y al mismo tiempo la correcta gestión de la misma pueden suponer una gran diferencia. Sin embargo, existe la errónea creencia de que una tarjeta muy rápida es imprescindible para realizar fotografía digital. En concreto hay que comprender cómo funciona la memoria de una cámara digital:

Flujo de datos en una cámara digital
Flujo de datos en una cámara digital

Como puede observarse en la figura, la mayoría de las cámaras llevan un chip de memoria interno por el que pasan nuestras fotos antes de grabarse en la tarjeta de memoria. Ese chip (el buffer) permite que podamos disparar en ráfaga sin tener la limitación de velocidad de la tarjeta de memoria (el buffer es muchísimo más rápido que la tarjeta). De hecho, nuestra cámara podría (en principio) hacer un número limitado de fotos y guardarlas en dicho chip sin utilizar para nada la tarjeta de memoria externa. Sin embargo, esa memoria es volátil y perderíamos la información al apagar la cámara. Por ello, las cámaras intentan volcar cuanto antes todas las fotos a las tarjetas externas.

A mayor número de megapíxels, mayor debe ser el tamaño del buffer. Pero su tamaño es siempre limitado, y todas las cámaras reflex llegan a un punto en que los disparos en ráfaga se ralentizan.

Ese momento se da cuando el buffer está lleno y es necesario ir vaciando a la tarjeta conforme entre la información. En ese momento (y sólo en ese momento), la cámara comienza a funcionar a la velocidad de la tarjeta, una velocidad que como hemos dicho es mucho más lenta.

Muchos de vosotros habréis notado que la luz que indica que la cámara está escribiendo en la tarjeta de memoria (esa que sirve para saber que NO se puede apagar la cámara hasta que termine) sigue encendida a veces un buen rato tras terminar de hacer fotos. Lo que sucede es que el buffer está vaciándose y grabando las fotos que hemos hecho en la tarjeta.

Las prestaciones del buffer se ven seriamente afectada si (como debiéramos) estamos haciendo las fotos en RAW por lo que es de esperar que nuestra cámara no dispare tan rápidamente (o pueda hacer tantas fotografías seguidas) como cuando lo hacemos en jpg. Personalmente, cuando necesito gran velocidad de disparo, cambio a jpg hasta que termino para luego devolver la cámara a jpg+raw.

Pero en definitiva, salvo que seamos fotógrafos con necesidades de disparo de ráfaga elevadas, seguramente con el buffer de la cámara nos sirva, y por tanto cualquier tarjeta cumpla con creces. Si, como es mi caso, tenemos una cámara con muchos megapíxeles (la D800) ni siquiera la más veloz de las tarjetas podrá hacer frente al aluvión de datos que se le viene encima. Y en cualquier caso, seguramente tenga mucha más influencia el cuerpo (la cámara) que la tarjeta en toda esta historia. Consecuencia: no merece la pena comprar las tarjetas super-rápidas (y también super-caras).

Otra cosa distinta es el video. Las nuevas cámaras son capaces de grabar video de manera muy profesional a 1080p. En este caso no hay buffer que valga y la velocidad de la tarjeta es crítica para poder soportar el flujo constante de datos que supone la grabación de video. Sin embargo, existen tarjetas muy económicas cuya velocidad permite perfectamente grabar video y eso debería ser más que suficiente.

En concreto yo recomiendo siempre dos marcas (con independencia de que haya más marcas que den buenos resultados):

  1. Trascend: Calidad/precio es de lo mejor que podemos encontrar. Dan pocos o ningún problema si las tratamos correctamente y son baratas: Transcend – Tarjeta de memoria SDHC 32 GB
  2. Sandisk: No en vano son los inventores del formato y de alguna manera la marca “premium”. Obviamente esto se paga: Sandisk Ultra SDHC Class 10 – Tarjeta de 32 GB.
La tarjeta Trascend de 32Gb y Clase 10. Una excelente alternativa por su relación calidad/precio
La tarjeta Trascend de 32Gb y Clase 10. Una excelente alternativa por su relación calidad/precio

Los más observadores ya se habrán dado cuenta que ambas tarjetas enlazadas son de Clase 10 (ese pequeño circulo con un número que hay junto al logo de SD). Con independencia de cuantos “ultra”, “professional”, “mega-super-fast” tengan las tarjetas que veamos, ese pequeño número nos garantiza una velocidad de transferencia mínima, que en este caso significa que soporta video HD (1080p). Es decir, lo que nosotros queríamos.

Las mismas recomendaciones pueden hacerse para una tarjeta CF (el otro tipo más utilizado en cámaras digitales). Estas tarjetas son de mayor tamaño,robustez y posiblemente rapidez y siempre parecen aportar un plus de seguridad (en la práctica yo no he tenido problemas con ninguna de las dos tecnologías). A cambio, son algo más caras:

En alguna ocasión me han preguntado qué es mejor en una cámara: tarjeta CF o SD. Personalmente prefiero la CF por las razones expuestas anteriormente (al fin y al cabo aunque son más caras, en el precio global de una cámara es una diferencia mínima). Sin embargo nunca eligiría una cámara por el tipo de tarjeta que lleva.

Otra cosa muy distinta son aquellas cámaras que permiten llevar dos tarjetas simultáneamente, lo que nos permitirá tener copias de seguridad de las fotos que hagamos directamente sobre la marcha. Sin embargo esta opción tan sólo está disponible en modelos de gama alta, por lo que no merece la pena obsesionarse con ella.

Una vez tenemos nuestra tarjeta hay que seguir 3 reglas para intentar minimizar las posibilidades de perder fotos:

1. Formatear la tarjeta cada vez que la vaciemos en el ordenador

La mayoría de las pérdidas de información suceden cuando hay archivos que se corrompen o tablas de partición que fallan. Si borramos los archivos desde el navegador del ordenador y no la formateamos nunca, estamos pidiendo a gritos que falle en algún momento.

2. Formatear siempre la tarjeta desde la cámara en la que vayamos a usarla

Podríamos juntar esta regla con la primera, pero es tan importante que merece un lugar para sí misma. Pese a que pueda parecer lo mismo, es importante dejar que la cámara prepare la tarjeta para dejar las fotos sin problemas. Si cambiamos la tarjeta de cámara sin duda hay que vaciarla antes y formatearla nada más introducirla en la cámara. Si juntamos esta regla con la regla 1, cada vez que copiemos las fotos al ordenador de manera definitiva formatearemos la tarjeta desde la cámara.

3.Transferir las fotos con un lector de tarjetas externo BUENO
Personalmente no tengo nada contra utilizar la cámara para transferir las fotos al ordenador usando un cable USB. No creo que sea mucho más peligroso que usar un lector externo. Sin embargo, si se apaga accidentalmente la cámara podría dar problemas y la velocidad posiblemente sea menor que con un lector dedicado: Lector de tarjetas de memoria Lexar Professional (USB 3.0).

Además, algunas marcas como Nikon han empezado a solicitar que la transferencia se haga a través de un software propietario por lo que ya no actúan como un disco externo del sistema operativo. Personalmente no soporto este tipo de software, lo que unido a la comodidad, rapidez, seguridad y precio de un buen lector de tarjetas (como el que os recomiendo de Lexar) hace ya algo más de un año que empecé a utilizarlo para todas mis transferencias de archivos.

Para nada os recomiendo el uso de lectores sin marca, de estos que nos regalan como productos de merchandising. No sólo pueden corromper nuestros archivos sino que pueden dañar físicamente las tarjetas. Esto no quiere decir que no funcionen. Pero yo no les confiaría ninguna foto a la que le tuviera cierto aprecio.

Un buen lector externo de tarjetas de memoria puede resultar de gran ayuda
Un buen lector externo de tarjetas de memoria puede resultar de gran ayuda

¡Hacer copias de seguridad!

No tienen mucho que ver con las tarjetas, pero sí con la gestión de archivos. De nada sirve copiar las fotos a un único disco duro que puede morir, también, como las propias tarjetas. Por ello, mientras sólo tengamos una copia de los archivos no es buena idea borrar las tarjetas. Lo mejor es automatizar la copia de seguridad de nuestro ordenador para que una vez volcadas las fotos, podamos dormir tranquilos.

Seguramente las opciones de copias de seguridad merezcan una o varias entradas aparte, pero no puedo cerrar esta sin enfatizar lo importante que es que tengáis vuestras fotos al menos en dos discos duros distintos. De lo contrario de nada servirá todo lo dicho anteriormente en este blog en lo relativo a la fotografía. No seríais los primeros en tener que pagar una pequeña fortuna a alguna empresa de informática forense para que recupere archivos de todo tipo, incluidas las fotos.

Hace 10 años, con mi primera cámara digital, estuve a punto de perder unas fotos debido a un fallo del sistema tarjeta SD/cámara/lector barato. Desde entonces no he tenido ni un solo incidente (toco madera) después de decenas de miles de fotos. Estoy convencido que seguir los pasos y recomendaciones de esta entrada os puede ayudar a que tampoco vosotros tengáis problemas.

10 consejos para evitar que te roben la cámara estas vacaciones

Salir de vacaciones con buen material fotográfico al cuello o al hombro siempre es un desafío. Desde siempre, yo he sido un poco paranóico al respecto, aunque los he visto peores. Todos sabemos que cuando viajamos somos especialmente vulnerables y ser precavido no está de más. Hace unas semanas me encontré el siguiente video:

Por una parte me dije “profesional, muy profesional” (parafraseando al gran Pazos):

Al parecer, el robo se dio en San Petersburgo,… y aunque lo primero que hice fue preguntarme quién lo grababa y cómo esta persona había conservado su cámara (con tanta profesionalidad alrededor,… y me cuesta creer que sea parte del equipo que da el golpe), lo cierto es que parece una situación que bien pudiera pasar al común de los mortales.

Por otra parte, confirmé que era imposible proteger una mochila, la cámara con el zoom llamativo y, sobre todo, el plano de la ciudad al mismo tiempo. Por eso, y para evitar males mayores entre los lectores de pixelando, he decidido elaborar una lista de los 10 mejores consejos para conservar nuestra cámara estas vacaciones:

1. Cambia la correa. A todos nos hace mucha ilusión que nuestra correa muestre en amarillo fluorescente la marca y modelo de nuestra cámara. Eso sí, cualquier amigo de lo ajeno aficionado a las cámaras sabrá a decenas de metros de distancia cuánto dinero cuelga de nuestro cuello. Uno de estos días tendremos una entrada sobre correas, pero mientras tanto, cambia la tuya por una más discreta.

2. Elige bien la bolsa. Si la correa es importante, también lo es la bolsa. Cuanto menos “Canon” o “Nikon” diga mejor. Hoy en día existen bolsas discretas que ni siquiera parece que contengan una cámara en su interior (las llamadas “messenger bags”). Marcas como Crumpler se han ganado una reputación a base de hacer bolsas que no parece que tengan nada valioso dentro. La oferta es amplísima en la mayoría de las mejores marcas, pero es difícil elegir bien. Otro buen asunto para una futura entrada.

3. No dejes que la cámara pille frío (o calor). De nada sirve tener una bolsa discreta si la cámara siempre está fuera. Guarda la cámara cuando no la uses. Por eso es tan importante que nuestra bolsa, aparte de discreta, nos facilite un acceso instantáneo (al mismo tiempo que seguro) a nuestra cámara. Algunos modelos incluso llevan potentes velcros que permiten un acceso rápido (aunque ruidoso) a nuestro equipo.

4. Dime por dónde andas,… Ser prevenido tiene mucho que ver con poder pasar unas vacaciones tranquilas. No hay que confundirlo con miedo, pero ser consciente de nuestro entorno y los posibles peligros del mismo nos puede ahorrar muchos problemas. Lugares muy turísticos o abarrotados de personas son perfectos para que nos fuercen a comprarnos otra cámara.

En lugares emblemáticos por ser trampas de turistas, mucho cuidado con supuestos guías, lugareños samaritanos y amantes de la conversación en general. Muchas veces, como buen ilusionista, tan solo quieren desviar nuestra atención.

5. Pegado a ti. Hace no mucho presencié como unos ladrones se agenciaban el bolso de una turista que cenaba tranquilamente con unos amigos. El bolso se encontraba debajo de la mesa que compartían 4 personas. Es obvio que no siempre vamos a poder tener nuestra bolsa o nuestra cámara encima nuestro, pero incluso en esas circunstancias deberíamos mantener el contacto físico con nuestro equipo. Yo suelo enrollar la correa de mi bolsa a mi pierna si alguna vez he de dejarla en el suelo,… y por supuesto no le quito ojo de encima.

6. Identifica tu equipo. Hay potentes razones por las cuales deberíamos apuntar todos los números de serie de nuestras cámaras/objetivos. Por una parte, si nos los roban y tenemos seguro (algo no desdeñable si viajamos a países con riesgo) nos ayudará mucho el tener dicha información para reclamar a la aseguradora. Por otra, será de utilidad si por un casual la policía recuperara tu cámara. Incluso en el caso de que la policía no lo logre, tal vez tú si (como este chico de San Francisco).

Si por lo que fuera, no hubieras podido grabar el número de serie de tu cámara, siempre puedes coger una de tus fotos originales y utilizar esta web:

http://www.stolencamerafinder.com/

En ella, a partir de una foto obtenemos el número de serie de una cámara. Nos podría incluso servir para saber si una foto sospechosa está hecha con la nuestra si alguien cuelga fotos en Internet intentando vender nuestra cámara.

En cualquier caso, siempre podéis aplicar el truco del famoso Ken Rockwell (el Chuck Norris de la fotografía) que configura el campo nombre del fichero, comentario y copyright de sus cámaras con sus iniciales o nombre. Cualquier foto hecha con la misma quedará marcada.

7. Muestra confianza. Como en los documentales del National Geographic con los antílopes, los cacos huelen el miedo del turista (en este caso la desorientación). Pongamos nuevamente en el video de San Petersburgo como ejemplo. Ese plano de la ciudad desplegado al viento, ese aspecto de turista de libro… Es evidente que en ciertos ámbitos nunca pasaremos inadvertidos, pero sí podemos parecer unos viajeros experimentados que conocen bien el lugar. El aplomo y evitar el aire de presa fácil nos pueden descartar como objetivo.

8. Siempre de mano. Este consejo tiene doble objetivo. Las maletas que facturamos siempre pueden resultar atractivas para algunos indeseables (especialmente si enviamos material fotográfico que deberá ir en recipientes especiales). Por otra parte, cualquiera que se haya asomado a la ventanilla de un avión, ha podido ver cómo algunos empleados de las líneas aéreas practican el lanzamiento de martillo con los bultos facturados (aunque hay que decir que hay pasajeros que parece que facturen yunques).

Por ello, hay que intentar que todo el equipo fotográfico viaje con nosotros en cabina. Por lo general las compañías permiten un trolley de dimensiones cada vez más reducidas (las típicas 55x40x20) y un bulto adicional (portátil, bolso ó ¡cámara!). Si tenemos una bolsa que se acople bien en la parte superior del trolley enganchada al asa del mismo (mi Lowepro Nova AW200, pese a ser muy grande queda discretita) pasaremos inadvertidos (las tripulaciones de los aviones si os fijáis viajan igual. Procurad no llevar nada más).

la lowepro nova AW 200 permite acoplarse al trolley mediante una cinta de tela en la parte posterior
la lowepro nova AW 200 permite acoplarse al trolley mediante una cinta de tela en la parte posterior

9. Cuidado en los hoteles. Las habitaciones de los hoteles son por desgracia más accesibles de lo que quisiéramos. El momento de limpieza de la habitación (cuando está con la puerta abierta) puede ser aprovechado por cualquiera para ver ese maravilloso objetivo que con placer estrenamos en el viaje y que hemos dejado descuidado encima de la cama para bajar a desayunar.

El uso de las cajas fuertes de la habitación, o incluso la del hotel (para los pros con cristales de tamaño considerable) lleva poco tiempo y al menos les dará a muchos de los cacos más trabajo (y si hay que reclamar a un seguro, no podrán considerarlo hurto al estar bajo llave).

10. Toca madera. Voy a ser el primero en seguir este consejo. Llevar equipo caro encima siempre comporta un riesgo y es imposible evitarlo por completo (salvo que decidamos no usarlo nunca). Por ello, hay que confiar también en no tener mala suerte. Pese a todo, estos diez consejos que no son más que sentido común, deberían hacer que concluyamos nuestras vacaciones sin sobresaltos la gran mayoría de las veces.

Pero que conste en acta que hay mil cosas que pueden ir mal, como se encarga de demostrar Internet. He aquí un par de videos en los que unas gaviotas roban una cámara (una gopro ligerita, claro) y un pulpo decide dar un “tirón” a un submarinista que acaba persiguiéndolo por medio océano.

¡Felices vacaciones y buenas fotos!

Robo de Gopro por gaviota (caso 1)

 

Robo de Gopro por gaviota (caso 2)

 

Pulpo aficionado a la fotografía

octopus steals my video camera and swims off with it (while it’s Recording) from Victor Huang on Vimeo.

El tamaño importa – ¿Por qué un sensor full frame?

Hace un par de meses explicaba cuáles podían ser los criterios para comprar una cámara digital seria. En dicho post, así como en los últimos acerca de la D800 y la D600 hacíamos mucho énfasis acerca de los sensores “full frame”. ¿Realmente es tan importante el tamaño del sensor?

Es algo que llevo explicando muchos años en nuestros cursos pero que no es posible entender sin ciertos conceptos básicos acerca de los sensores que llevan todas nuestras cámaras.

El sensor es la “película” que llevan todas las cámaras digitales. Es el encargado de recoger la luz que atraviesa el objetivo y responsable del tamaño y factor clave en la calidad de las fotos.

Sensor de la D800 con 36 Megapíxels

El sensor también es la razón por la cual el tamaño importa en fotografía. Antes de la era digital, un mayor tamaño de película significaba un mayor negativo y por tanto mayor cantidad de información y posibilidad de ampliación de las fotografías.

Hoy en día se puede hacer una afirmación parecida. Cuanto mayor es el sensor, mejor es la calidad de las fotos tomadas. Estos son los factores clave:

Densidad de píxeles: Pese a lo que nos quieran hacer creer los anuncios, no es lo mismo meter 8 millones de pequeños sensores de luz en un móvil que en una cámara reflex. Obviamente, a igualdad de número de píxeles un sensor más grande tiene píxeles más “gordos”. No hay que saber mucha electrónica para entender que miniaturizar es complicado y cuando los píxeles alcanzan ciertos límites físicos la calidad se resiente.

Ruido: Píxeles más pequeños reciben menos luz (menos fotones) y por tanto, para mostrar imágenes igual de luminosas necesitan amplificar más. Al igual que con nuestro equipo de audio del coche, si queremos amplificar mucho, al final se oye ruído y distorsión (esta es una versión un tanto simplificada, pero a los efectos nos debería valer). Este ruido se nota especialmente con muy poca luz (al igual que lo notamos cuando algo está grabado con un volumen muy bajo y tratamos de amplificarlo, con el consequente ruido).

Por lo tanto las ventajas de un sensor grande son:

  • Menor ruido (a igualdad de densidad de píxeles)
  • Mayor número de píxeles (a igual densidad, y por tanto, calidad)
  • Mayor tamaño del visor

Sin embargo un sensor mayor también conlleva desventajas. Estas son las principales:

  • Mayor tamaño de la cámara
  • Mayor exigencia para la óptica (es más complicado -y caro- fabricar objetivos que sean nítidos o luminosos en las esquinas)
  • Menor alcance (o menor “zoom” -discúlpenme el uso incorrecto del término). Es decir, un mismo objetivo se “acerca” menos (por eso las cámaras pequeñas son capaces de tener un zoom tan potente).

Lo cierto es que con dicha lista, parece poco adecuado definirse por un sensor de tamaño mayor. Y sinceramente, esa es mi recomendación para el 95% de los aficionados. ¿Por qué entonces tanto revuelo por las cámaras full frame?

Lo cierto es que primero Canon y luego Nikon se han decantado por este tamaño para sus líneas profesionales. Eso implica que las ópticas “insignia” de cada casa están optimizadas para ese tamaño (aunque sean compatibles con réflex de sensores más pequeños, el campo de visión obtenido no es el mismo -la distancia focal efectiva varía).

Por otra parte, hay un extenso mercado de objetivos de segunda mano de la era pre-digital. Muchos fabricantes nos permiten utilizarlos con las cámaras más modernas sin perder ninguna de sus funciones.

Hay más razones (algunas de ellas difíciles de explicar sin entrar en temas bastante técnicos y a las que posíblemente dediquemos entradas de Pixelando en el futuro) pero espero que con esto haya quedado claro que en fotografía, para bien o para mal, el tamaño sí importa.