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¡Aún estás a tiempo para nuestro curso de Lightroom 6!

Curso Lightroom 6 – 18 y 19 de diciembre de 2015

Las navidades… ese maravilloso periodo en el que los obturadores de nuestras cámaras actúan sin parar, sacando todas esas instantáneas que luego dormirán el sueño de los justos. Sin embargo, ¿cómo recuperar de manera rápida aquella fotografía de unas navidades en las que vinieron los primos? Ahí es donde viene Lightroom al rescate y nuestro curso de gestión de archivo fotográfico.

La gestión de fotografías ha evolucionado mucho. Aprende lo fácil que es hacerlo todo con Lightroom en nuestro curso de diciembre.
La gestión de fotografías ha evolucionado mucho. Aprende lo fácil que es hacerlo todo con Lightroom en nuestro curso de diciembre.

Muchas veces me preguntan en nuestros cursos de Photoshop para qué sirve Lightroom. La respuesta es sencilla: para importar, gestionar, encontrar, revelar y poner orden en un catálogo fotográfico de miles de imágenes.

Por eso nuestro curso de Lightroom está planteado con dos mitades claramente diferenciadas. En el primero de los dos días, mostramos como gestionar el catálogo de Lightroom. Cómo hacer copias de seguridad, moverlo, gestionar las palabras claves, cómo optimizarlo y configurarlo. Todo aquello que no tiene nada que ver con la imagen en sí, pero sin embargo es imprescindible para poder trabajar con las imágenes. En la segunda sesión aprendemos cómo sacar al máximo partido al módulo de revelado de Lightroom para editar nuestras fotografías de manera productiva.

Quedan 10 días y aún tenemos plazas disponible. Un curso con plazas más limitadas que en nuestros curso de Photoshop para poder ser productivos y sacar el máximo partido al programa de referencia de gestión de archivo fotográfico. ¿Te lo vas a perder?

Video-tutorial – Corrección de color con balance de blancos en Camera Raw

La entrada sobre la corrección de color ha tenido un gran éxito. Por si quedaba alguna duda, aquí está el video-tutorial. El proceso es idéntico en Lightroom.

Machu Picchu. Un desafío fotográfico

Lo reconozco: soy un fotografo ocasional. Mi trabajo tan sólo me permite centrarme en mi fotografía cuando salgo de viaje. Por ello, en ocasiones los viajes se convierten en eventos excesivamente anticipados y deseados.

El viaje que realicé recientemente a Machu Picchu parecía una apuesta a todo o nada. Por una parte, estrenaba un 14-24 de Nikon. Un grandísimo objetivo (tanto en prestaciones como en tamaño y peso) que no tienen porqué ayudar a sacar grandes fotos si no se utiliza correctamente. Al mismo tiempo, se trata de alguna manera de un objetivo “especialista” por lo que era necesario complementarlo de alguna manera con otra lente. Por otra parte, Machu Picchu presentaba una serie de desafíos logísticos importantes: necesidad de ir ligeros de equipaje, imposibilidad de llevar una bolsa de bandolera para escalar las montañas colindantes, alta probabilidad de lluvia y necesidad de proteger el equipo, etc.

Al final opté por un equipo voluminoso y pesado, pero manejable: La D800, el 14-24, el 24-70 también de Nikon y mi Canon PowerShot S90 compacta que es una inmejorable compañera de viaje. La capacidad que tiene la D800 de recortar a formato DX, me permitía cubrir con la reflex unas distancias focales equivalentes entre 14mm y 105mm con gran calidad y un mínimo de 21 Mp.

Puesto de fruta en el mercado de Cusco (Nikon D800, 24-70mm, f/2.8)
Puesto de fruta en el mercado de Cusco (Nikon D800, 24-70mm, f/2.8)

En los meses anteriores, la planificación me llevó a hacerme con una correa The Cinch de Luma Labs (que ya comentamos en el blog en su momento después de considerar muchas otras alternativas). Además, el nuevo equipo incluía una funda Toploader Pro 70 de Lowepro con arnés que me debía permitir moverme con total libertad de manos (sin miedo a que mi cámara golpeara con cualquier piedra). Finalmente me hice con unas fundas de plástico desechables para poder forrar mi D800 y los objetivos elegidos.

Con la correa The Cinch en Machu Picchu (Canon PowerShot S90, f/4.0)
Con la correa Cinch en Machu Picchu (Canon PowerShot S90, f/4.0)

Muchas veces me pregunto (y me preguntan) si realmente es necesario arrastrar todo ese peso hasta el otro extremo del mundo. Personalmente así lo creo. Es necesario para obtener el 95% de la mejor foto que podría obtener (el 5% restante quedaría para un buen trípode que pocas veces puedo justificar incluir en el equipo por su peso). Sin embargo, también es cierto que muchas veces, una pequeña cámara compacta puede lograr el 80% de dicha calidad y satisfacción como podréis ver luego.

Pero si algo demostró Machu Picchu es ser un paraíso para un fotógrafo. Tanto la ciudadela y sus ruinas, como (sobre todo) el entorno, proporcionan algunas de las imágenes más plásticas que puedo recordar y que, además, han quedado reflejadas en muchas de las fotos que han vuelto conmigo a casa. No en vano, leí poco antes de llegar al Perú que es difícil hacer una mala foto en Machu Picchu. Discrepo de tal afirmación, pero no de la admiración por el lugar del que la hizo.

La elección del 14-24 para el viaje resultó tremendamente adecuada. Pese a que realicé un buen número de panoramas (queda la técnica, extremadamente sencilla, para otra entrada) lo cierto es que un super gran angular nos proporciona perspectivas únicas, y nos ahorra un tiempo precioso de post-procesado que cada vez encuentro más escaso.

Y no tengo que descubrirle a nadie la calidad de este pedazo de cristal:

Vista de la ciudadela desde la montaña Machu Picchu (Nikon D800, 14-24mm, f/8)
Vista de la ciudadela (izquierda) desde la montaña Machu Picchu (Nikon D800, 14-24mm, f/8)

Sin embargo, el momento de la compacta también tuvo que llegar. Tras un día espectacular en el que tal vez fuera cierto que era imposible hacer una mala foto, la lluvia llegó y al día siguiente la niebla cubría toda la ciudadela. Ante la imposibilidad de sacarle todo el partido a la reflex, decidí dejarla a buen recaudo y disfrutar del momento armado tan sólo con una compacta. Eso sí, una buena compacta. Los resultados no podrían haber sido más satisfactorios. Las fotos en blanco y negro no sólo tienen una gran calidad (en la medida de las posibilidades de la cámara) sino que transmiten perfectamente la atmósfera del momento.

Templo del sol en Machu Picchu. (Canon PowerShot S90, f/4.0)
Templo del sol en Machu Picchu. (Canon PowerShot S90, f/4.0)

Sin embargo, los mejores momentos fotográficos me esperaban al llegar a casa. Poco a poco el revelado de los archivos RAW (en este caso desde Lightroom, aunque sería un proceso idéntico en Photoshop) se convirtió en una experiencia extremadamente placentera. Tal y como comentamos en nuestros cursos, no puedo encontrar ninguna razón para no hacer fotografías en RAW y revelarlas posteriormente (¡las tarjetas de memoria son tan baratas comparadas con todo lo demás!).

Cada día me sorprendo a mi mismo pensando más en esta fase cuando tomo la fotografía y lo cierto es que se nota frente a la pantalla del ordenador cuando es necesario revelarla.

Calzada principal de entrada a Machu Picchu (Canon PowerShot S90, f/4.5)
Calzada principal de entrada a Machu Picchu (Canon PowerShot S90, f/4.5)

En definitiva, este post es acerca de todo y de nada. De la necesidad de tener el equipo adecuado (cámaras, bolsas, correas, fundas) y de utilizar cada pieza en su momento. De hacer buenas fotos en un extremo del mundo, pero también de revelarlas de manera adecuada a la vuelta. De como un viaje que prometía mucho, se convirtió en todo lo que prometía, tanto en lo fotográfico como en lo personal. Y ante todo, una excusa para compartir algunas fotos interesantes con los lectores de Pixelando. Espero que haya servido su propósito.

Tabletas Wacom y Photoshop. La pareja perfecta

He de admitirlo. Durante muchos años he utilizado el Photoshop con la única ayuda del ratón. ¿Por qué? Probablemente porque mi capacidad artística para generar imágenes con mis manos y una herramienta de escritura es prácticamente nula. En todos estos años nunca había utilizado una tableta gráfica y pese a saber que en teoría eran mucho más potentes, lo cierto es que desarrollé una habilidad un tanto portentosa con ratones de bola primero, ópticos después e incluso el trackpad del portátil.

Sin embargo, he de decir que ahora mismo soy un converso de las tabletas. Aunque es cierto que muchas veces sigo apoyándome tan solo en el ratón (por un problema práctico… soy multitarea y no puedo apartar el teclado y el ratón mientras webeo, consulto el mail, controlo la música y descargo fotos) para ciertas aplicaciones sé que tan solo el uso de una tableta me permitirá obtener los resultados que deseo.

Tableta Wacom Bamboo Pen. Una alternativa muy económica para poder interactuar con Photoshop

Mis alumnos de las primeras ediciones tal vez me maldigan ahora por no haber compartido esta sabiduría con ellos. Pero yo también aprendo con cada edición de los cursos y en mi defensa he de decir que siempre he comentado que una tableta debería ayudar mucho a quién “tuviera mano”. Sin embargo, una Wacom no es solo para artistas.

Pero antes de seguir, permitidme que utilice la marca comercial (Wacom) en lugar del genérico. ¿Tengo comisión? No, pero lo cierto es que se trata de un estándar. Al igual que Photoshop. Es posible que haya otras marcas que permitan hacer lo mismo o más a igual o menor precio, pero ya que no soy un experto, he decidido recomendaros lo que seguro funciona y que además es lo que usan los profesionales.

Eso no quiere decir que las tabletas ahora sean un capricho caro. Los modelos más baratos (como la Wacom Bamboo Pen de la foto) pueden obtenerse por precios algo superiores a los 50€, lo que nos ha permitido ofrecerlas como material complementario en nuestros cursos. Es decir, nuestros alumnos pueden elegir entre llevarse un buen libro de Photoshop o una tableta gráfica con su matrícula.

Estas tabletas económicas son, sin duda, algo más rudimentarias que sus hermanas de gama alta. El tacto del lápiz es áspero y a veces nos recuerda a escribir con tiza en una pizarra. La ausencia de controles configurables hace que tengamos que tener el teclado cerca y la gestión de nuestra mesa de trabajo se complica. Sin embargo, la calidad/precio es indiscutible, y la posibilidad de tener 1024 niveles de presión (Photoshop en 8 bits trabaja con 256 niveles) en un paquete tan económico y pequeño debe ser tenida en cuenta. Yo tengo también un par de Wacom Intuos (la hermana mayor) y puedo decir que para el usuario ocasional, la diferencia de precio difícilmente sea justificable con las mejoras que incorpora el modelo más caro.

Por otra parte, los primerizos pueden llegar a pensar que una tableta pequeña es peor que una mediana o grande. En mi experiencia, el tamaño más pequeño de tableta es el ideal para la gran mayoría de usuarios. No solo por precio y portabilidad, sino también por la gestión de la mesa de trabajo que mencionaba antes. Evidentemente, habrá usuarios que necesiten de las grandes tabletas en formato A3 o incluso superiores, pero dichos usuarios no necesitan leer esta entrada para decidir.

Personalmente, y como fotógrafo, el cambio sustancial que me ha decidido a usar la Wacom habitualmente es la posibilidad de revelar los archivos RAW por zonas. Ya sea con Adobe Camera RAW desde Photoshop o con Lightroom, la posibilidad de revelar las fotos de manera precisa y ajustar los niveles de luz en las distintas partes de una fotografía, ha supuesto un cambio fundamental en mi método de trabajo.

No quiero terminar la entrada sin advertir que la tableta tiene una curva de aprendizaje un tanto pronunciada. Es posible que algunos de vosotros acabéis acordándoos de mi familia durante algunos días puesto que al principio puede resultar un tanto incómoda de manejar. Pero casi todo el mundo coincide en que una vez superado ese periodo de adaptación los beneficios son tales que desearían haber hecho el cambio antes.