Tarjetas de memoria y lectores de tarjetas: cómo elegir correctamente

Una de las preguntas que más frecuentemente recibo durante nuestros cursos es la de cómo gestionar los archivos que salen de nuestra cámara digital. Casi todos nosotros hemos experimentado alguna vez tarjetas de memoria corruptas, pérdidas de imágenes, etc.

La elección de la tarjeta de memoria adecuada y al mismo tiempo la correcta gestión de la misma pueden suponer una gran diferencia. Sin embargo, existe la errónea creencia de que una tarjeta muy rápida es imprescindible para realizar fotografía digital. En concreto hay que comprender cómo funciona la memoria de una cámara digital:

Flujo de datos en una cámara digital

Flujo de datos en una cámara digital

Como puede observarse en la figura, la mayoría de las cámaras llevan un chip de memoria interno por el que pasan nuestras fotos antes de grabarse en la tarjeta de memoria. Ese chip (el buffer) permite que podamos disparar en ráfaga sin tener la limitación de velocidad de la tarjeta de memoria (el buffer es muchísimo más rápido que la tarjeta). De hecho, nuestra cámara podría (en principio) hacer un número limitado de fotos y guardarlas en dicho chip sin utilizar para nada la tarjeta de memoria externa. Sin embargo, esa memoria es volátil y perderíamos la información al apagar la cámara. Por ello, las cámaras intentan volcar cuanto antes todas las fotos a las tarjetas externas.

A mayor número de megapíxels, mayor debe ser el tamaño del buffer. Pero su tamaño es siempre limitado, y todas las cámaras reflex llegan a un punto en que los disparos en ráfaga se ralentizan.

Ese momento se da cuando el buffer está lleno y es necesario ir vaciando a la tarjeta conforme entre la información. En ese momento (y sólo en ese momento), la cámara comienza a funcionar a la velocidad de la tarjeta, una velocidad que como hemos dicho es mucho más lenta.

Muchos de vosotros habréis notado que la luz que indica que la cámara está escribiendo en la tarjeta de memoria (esa que sirve para saber que NO se puede apagar la cámara hasta que termine) sigue encendida a veces un buen rato tras terminar de hacer fotos. Lo que sucede es que el buffer está vaciándose y grabando las fotos que hemos hecho en la tarjeta.

Las prestaciones del buffer se ven seriamente afectada si (como debiéramos) estamos haciendo las fotos en RAW por lo que es de esperar que nuestra cámara no dispare tan rápidamente (o pueda hacer tantas fotografías seguidas) como cuando lo hacemos en jpg. Personalmente, cuando necesito gran velocidad de disparo, cambio a jpg hasta que termino para luego devolver la cámara a jpg+raw.

Pero en definitiva, salvo que seamos fotógrafos con necesidades de disparo de ráfaga elevadas, seguramente con el buffer de la cámara nos sirva, y por tanto cualquier tarjeta cumpla con creces. Si, como es mi caso, tenemos una cámara con muchos megapíxeles (la D800) ni siquiera la más veloz de las tarjetas podrá hacer frente al aluvión de datos que se le viene encima. Y en cualquier caso, seguramente tenga mucha más influencia el cuerpo (la cámara) que la tarjeta en toda esta historia. Consecuencia: no merece la pena comprar las tarjetas super-rápidas (y también super-caras).

Otra cosa distinta es el video. Las nuevas cámaras son capaces de grabar video de manera muy profesional a 1080p. En este caso no hay buffer que valga y la velocidad de la tarjeta es crítica para poder soportar el flujo constante de datos que supone la grabación de video. Sin embargo, existen tarjetas muy económicas cuya velocidad permite perfectamente grabar video y eso debería ser más que suficiente.

En concreto yo recomiendo siempre dos marcas (con independencia de que haya más marcas que den buenos resultados):

  1. Trascend: Calidad/precio es de lo mejor que podemos encontrar. Dan pocos o ningún problema si las tratamos correctamente y son baratas: Transcend – Tarjeta de memoria SDHC 32 GB
  2. Sandisk: No en vano son los inventores del formato y de alguna manera la marca «premium». Obviamente esto se paga: Sandisk Ultra SDHC Class 10 – Tarjeta de 32 GB.
La tarjeta Trascend de 32Gb y Clase 10. Una excelente alternativa por su relación calidad/precio

La tarjeta Trascend de 32Gb y Clase 10. Una excelente alternativa por su relación calidad/precio

Los más observadores ya se habrán dado cuenta que ambas tarjetas enlazadas son de Clase 10 (ese pequeño circulo con un número que hay junto al logo de SD). Con independencia de cuantos «ultra», «professional», «mega-super-fast» tengan las tarjetas que veamos, ese pequeño número nos garantiza una velocidad de transferencia mínima, que en este caso significa que soporta video HD (1080p). Es decir, lo que nosotros queríamos.

Las mismas recomendaciones pueden hacerse para una tarjeta CF (el otro tipo más utilizado en cámaras digitales). Estas tarjetas son de mayor tamaño,robustez y posiblemente rapidez y siempre parecen aportar un plus de seguridad (en la práctica yo no he tenido problemas con ninguna de las dos tecnologías). A cambio, son algo más caras:

En alguna ocasión me han preguntado qué es mejor en una cámara: tarjeta CF o SD. Personalmente prefiero la CF por las razones expuestas anteriormente (al fin y al cabo aunque son más caras, en el precio global de una cámara es una diferencia mínima). Sin embargo nunca eligiría una cámara por el tipo de tarjeta que lleva.

Otra cosa muy distinta son aquellas cámaras que permiten llevar dos tarjetas simultáneamente, lo que nos permitirá tener copias de seguridad de las fotos que hagamos directamente sobre la marcha. Sin embargo esta opción tan sólo está disponible en modelos de gama alta, por lo que no merece la pena obsesionarse con ella.

Una vez tenemos nuestra tarjeta hay que seguir 3 reglas para intentar minimizar las posibilidades de perder fotos:

1. Formatear la tarjeta cada vez que la vaciemos en el ordenador

La mayoría de las pérdidas de información suceden cuando hay archivos que se corrompen o tablas de partición que fallan. Si borramos los archivos desde el navegador del ordenador y no la formateamos nunca, estamos pidiendo a gritos que falle en algún momento.

2. Formatear siempre la tarjeta desde la cámara en la que vayamos a usarla

Podríamos juntar esta regla con la primera, pero es tan importante que merece un lugar para sí misma. Pese a que pueda parecer lo mismo, es importante dejar que la cámara prepare la tarjeta para dejar las fotos sin problemas. Si cambiamos la tarjeta de cámara sin duda hay que vaciarla antes y formatearla nada más introducirla en la cámara. Si juntamos esta regla con la regla 1, cada vez que copiemos las fotos al ordenador de manera definitiva formatearemos la tarjeta desde la cámara.

3.Transferir las fotos con un lector de tarjetas externo BUENO
Personalmente no tengo nada contra utilizar la cámara para transferir las fotos al ordenador usando un cable USB. No creo que sea mucho más peligroso que usar un lector externo. Sin embargo, si se apaga accidentalmente la cámara podría dar problemas y la velocidad posiblemente sea menor que con un lector dedicado: Lector de tarjetas de memoria Lexar Professional (USB 3.0).

Además, algunas marcas como Nikon han empezado a solicitar que la transferencia se haga a través de un software propietario por lo que ya no actúan como un disco externo del sistema operativo. Personalmente no soporto este tipo de software, lo que unido a la comodidad, rapidez, seguridad y precio de un buen lector de tarjetas (como el que os recomiendo de Lexar) hace ya algo más de un año que empecé a utilizarlo para todas mis transferencias de archivos.

Para nada os recomiendo el uso de lectores sin marca, de estos que nos regalan como productos de merchandising. No sólo pueden corromper nuestros archivos sino que pueden dañar físicamente las tarjetas. Esto no quiere decir que no funcionen. Pero yo no les confiaría ninguna foto a la que le tuviera cierto aprecio.

Un buen lector externo de tarjetas de memoria puede resultar de gran ayuda

Un buen lector externo de tarjetas de memoria puede resultar de gran ayuda

¡Hacer copias de seguridad!

No tienen mucho que ver con las tarjetas, pero sí con la gestión de archivos. De nada sirve copiar las fotos a un único disco duro que puede morir, también, como las propias tarjetas. Por ello, mientras sólo tengamos una copia de los archivos no es buena idea borrar las tarjetas. Lo mejor es automatizar la copia de seguridad de nuestro ordenador para que una vez volcadas las fotos, podamos dormir tranquilos.

Seguramente las opciones de copias de seguridad merezcan una o varias entradas aparte, pero no puedo cerrar esta sin enfatizar lo importante que es que tengáis vuestras fotos al menos en dos discos duros distintos. De lo contrario de nada servirá todo lo dicho anteriormente en este blog en lo relativo a la fotografía. No seríais los primeros en tener que pagar una pequeña fortuna a alguna empresa de informática forense para que recupere archivos de todo tipo, incluidas las fotos.

Hace 10 años, con mi primera cámara digital, estuve a punto de perder unas fotos debido a un fallo del sistema tarjeta SD/cámara/lector barato. Desde entonces no he tenido ni un solo incidente (toco madera) después de decenas de miles de fotos. Estoy convencido que seguir los pasos y recomendaciones de esta entrada os puede ayudar a que tampoco vosotros tengáis problemas.